Por Omar Villasana
Desde hace unos meses que formo parte de twitter con la cuenta @arboldetuolvido, aparte de la función que ejerce como red social (o incluso como espacio para el comercio) ésta se presenta como una poderoso herramienta de intercambio de lectura-escritura.
Contrario a lo que muchos piensan los 140 caracteres no se prestan sólo para formas como el haikú o el microrrelato sino a difundir textos extensos o incluso libros y revistas gracias a los hyperlinks.
Gracias a twitter con sus hyperlinks la lectura/conversación no tiene fin se perpetúa las 24 horas del día. Es dentro de uno de estos tweets que encontré gracias a Roger Michelena @libreros una reflexión de Ricardo Nudelman titulada “Cuando todos los libros sean electrónicos.”
El enfoque que Nudelman le da al futuro del Libro es de suma importancia porque lo hace desde la perspectiva Hispanoamericana.
Algunos puntos importantes que resalta es que todavía en nuestros países la demanda de libros de papel es insuficiente, por poner sólo un ejemplo cito:
“En España, las devoluciones en 2009 fueron las más altas, más del 33% de lo consignado. No es demasiado diferente en mercados como México, Argentina, etc.”
La conclusión lógica que se desprende es que si no existe una demanda suficiente de libros impresos en español tampoco existe una gran demanda de libros en formato digital. Esto da tiempo a editores, libreros y bibliotecas de habla hispana para prepararse ante los retos que representan las nuevas tecnologías.
A mi juicio uno de los puntos medulares de la reflexión de Nudelman es el siguiente:
“en América Latina y España, si bien puede no haber disminuido el número de lectores, por lo menos está estancado desde hace tiempo.”
Y cita cuatro estrategias para destrabar este problema.
La que más llamó mi atención fue la que se refiere al fomento de la lectura “a través de correctas políticas estatales y la difusión de las bibliotecas públicas.”
Dentro de mi experiencia quiero hacer unas acotaciones, lamentablemente la participación de la Biblioteca Pública por lo menos en México es prácticamente inexistente. Los que amamos la lectura en países como México es gracias a las Bibliotecas familiares y al acceso de libros a través de las Librerías. Para que la Biblioteca Pública tenga un impacto sobre los lectores, los mismos deben de tener acceso a ella desde que son niños tal como sucede en países como Estados Unidos. Me gustaría saber cuántos de nosotros contamos con una tarjeta de Biblioteca en nuestra infancia. Yo visité de niño las pocas Bibliotecas que quedaban por mi casa para solo llevarme una profunda decepción. En la secundaria y preparatoria la Biblioteca de la escuela no permitía el préstamo de libros a casa (un verdadero absurdo), solo durante el receso, no es de extrañar que la misma no contará con muchos lectores. Es a partir de la Universidad donde me encuentro con lo que es una verdadera Biblioteca como es el caso de la Biblioteca de la UNAM o la UIA, pero para quienes no se acercaron a la lectura en la niñez cuando se está formando profesionalmente ¿no es acaso demasiado tarde?
Aunque en México la imprenta llegó desde época colonial, no fue así el fomento de la lectura a partir de las Bibliotecas y honor a quien honor merece, en Estados Unidos el sistema Bibliotecario se reproduce gracias a esfuerzos de ciudadanos eminentes y comunes, léase el capítulo VI de la autobiografía de Benjamín Franklin donde se ve un bello ejemplo del nacimiento de la Biblioteca. Casi un siglo después Charles Dickens en su Notas de América con admiración describe como las jóvenes obreras de Lowell Massachusetts no sólo son devotas miembros de la Biblioteca Pública sino también editoras de una publicación periódica llamada The Lowell Offering.
Es aquí donde discrepo con Nudelman y su llamada a la calma. Debemos de formar parte activa de la Revolución Digital y formar espacios de Lectura Virtual (digital) e Impresa tal como lo hicieron Benjamín Franklin y tantos ciudadanos anónimos hace más de 200 años. Aprovechando el Internet, Redes Sociales, Blogs e Impresión de Libros bajo demanda. De no hacerlo nos condenaremos a ser nuevamente testigos pasivos de otra revolución en la cual nos quedamos mudos en una conversación que no va a esperar a que tomemos la palabra.
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