miércoles, 2 de diciembre de 2009

Poema náufrago


Por Lidia Elena Caraballo


“y casi isla me quedaba

como una mujer arrodillada”

El barco ebrio, Arthurd Rimbaud


Sálvate de los prismas

del parpadear de los astros

que inoculan olvido,

del calidoscopio de la huida.


Cuídate del prolongado beso de los océanos

y su cópula en las playas continentales,

apagada aurora de mareas de nadie.


No dejes que se acalle el eco

del mar de los naufragios,

con sus cayos mutilados

por sortilegios de guerra y hambre.


Vete a las orillas,

busca en las formas sutiles mi presencia,

en el agua célibe que aún te inventa.


Pero si se derrumba

tu torre de guijarros,

y no encuentras al alfil en la maleza,

si una vértebra rota te hace polvo

en la jungla,

y adquieres pulso eléctrico,

coraza innoble,

¡sálvate,

que el trazo verde de mi mañana

no te hiera!